La UE y la experiencia de la KEDO

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Laura Andrés

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A partir de los años 90, la Unión Europea (UE) ha mostrado un creciente interés por delinear una política exterior más sólida hacia Asia, como demuestra la adopción en 1994 del primer documento para la región  “Hacia una nueva estrategia para Asia”. En este documento la UE reconocía, entre varios asuntos, la importancia de participar en cuestiones de seguridad regional, como la situación de la península coreana, mejorar las relaciones económicas con los países asiáticos, y específicamente subrayaba la necesidad de reforzar el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) para lidiar con las tensiones provocadas por el programa nuclear norcoreano. Pocos años después, en 1997, la UE se mantendría fiel a estos objetivos, accediendo a la Korean Peninsula Energy Development Organization (KEDO), una organización de vida corta nacida para implementar el Acuerdo Marco de 1994 de Ginebra donde Pyongyang se comprometió a congelar su programa nuclear a cambio, entre otras cosas, de la construcción de dos reactores de agua ligera (LWR) por parte de la comunidad internacional. No obstante, los escasos resultados del proyecto han puesto de manifiesto los límites de la política europea hacia la península. 

La experiencia europea en la KEDO (1997-2006) comenzó ya entre dificultades a raíz de una fuerte injerencia por parte de Estados Unidos. En un principio Corea del Sur y Japón se mostraron contrarios a ampliar el círculo de participantes, preocupados por las posibles complicaciones del proceso de toma de decisiones dentro de la organización. Dentro de la UE también había voces discordantes, aunque Estados miembros como Suecia e Italia impulsaron la participación en el proyecto. Consideraciones estratégicas, diplomáticas e incluso comerciales finalmente lideraron el acceso europeo a la organización como Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM), convirtiéndose así en el cuarto miembro de la Junta Ejecutiva de la organización junto a EE. UU., Corea del Sur y Japón. Además, para la KEDO la ampliación del número de miembros proporcionó una mayor legitimidad internacional, además de ayudar a compartir la carga financiera entre varios Estados. 

En particular, la contribución europea a la KEDO se acordó en principio alrededor de los 15 millones de euros anuales (sin incluir la financiación de los Estados miembros a nivel bilateral), cuantía que aumentó en 2001 llegando a los 20 millones de euros. En total, la UE proporcionó alrededor de 120 millones de euros entre 1997 y 2006 (Pacheco et al. 2021). La inauguración de la construcción del primer reactor comenzó en 2002, tras un acuerdo con el que la Junta Ejecutiva repartió el coste del proyecto (5 mil millones de dólares) entre los distintos miembros: Corea del Sur financiaría hasta el 70% del proyecto, Japón y la UE se repartirían el resto, mientras que EE. UU. invirtió centenares de millones de dólares en el envío de combustible pesado a Corea del Norte (aun con intermitencias problemáticas) (The Stanley Foundation 2006). La contribución financiera de la UE al proyecto se añadió así a la de otros miembros, ayudando, entre otras cosas, a cubrir los costes operativos de la KEDO, y consiguiendo que la organización asentara una base financiera estable.  

A pesar de esta contribución y del entusiasmo –según algunos– con el que la UE defendió la KEDO, comparable casi con el de Corea del Sur, a finales de 2002, tras el descubrimiento de un programa de enriquecimiento de uranio no declarado por parte de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), la Junta Ejecutiva suspendió el suministro de combustible pesado al país. La reacción de Pyongyang se materializó, primero, con la expulsión de los inspectores del OIEA de Yongbyon, instalación nuclear que había sido congelada con el Acuerdo Marco, para proclamar finalmente en 2003 su retirada del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP). A partir de este momento se suspendió la construcción de los LWR, y en 2006 se dio por cesado completamente el proyecto. 

La interrupción abrupta de la labor de la KEDO dejó un mal sabor de boca en los círculos europeos. Ante todo, la UE no fue consultada cuando se suspendió la construcción de los reactores en 2003. Asimismo, para algunos responsables europeos la UE fue utilizada para contribuir económicamente a la organización negándole a la vez poder decisional. Además, tras la crisis nuclear de 2003, la UE fue excluida del “Diálogo a Seis Bandas” donde EE. UU., Rusia, China, Japón, Corea del Sur y Corea del Norte intentaron resolver la cuestión del programa nuclear norcoreano sin llegar a ningún resultado concreto.  

A pesar de ello, la actividad europea en la KEDO ha sido significativa para el desarrollo de su política hacia la RPDC. Su análisis tanto desde el punto de vista macro como micro destaca algunos obstáculos encontrados por esta política. Entre otras cosas, el fracaso de la organización se entrelaza con cambios cruciales en el panorama internacional, como fue la llegada de la administración Bush en EE. UU. y su actitud hacia los países del “eje del mal”, que incluían a Corea del Norte, vetados como potenciales benefactores del terrorismo internacional. Asimismo, la marginalización europea en las situaciones indicadas anteriormente resaltan la dificultad de la UE a la hora de moverse en la región en comparación con otras potencias.  

El papel de la UE en la península coreana ha abarcado otras iniciativas. En los años 90 la UE fue un donante clave de ayuda para mitigar las crisis humanitarias del Norte de esta década, y contribuyó con el comercio con el país a evitar el colapso de la economía norcoreana en el mismo periodo. No obstante, con el progreso nuclear de la RPDC la UE ha optado por seguir en los últimos años la línea dura liderada por EE. UU., arrojando dudas sobre su capacidad –y voluntad– de concebir una política propia y aumentar su compromiso en la seguridad regional. La experiencia de la KEDO se mantiene, no obstante, como ejemplo de empeño europeo en la península y modelo del que aprender para (esperemos) futuras ocasiones de détente en ella.  

Referencias  

Alexandrova, Iordanka. 2019. “The European Union’s Policy Toward North Korea: Abandoning Engagement.” International Journal of Korean Unification Studies 28 (1): 33−62. [https://repo.kinu.or.kr/bitstream/2015.oak/10442/3/%EC%98%81%EB%AC%B8%EC%B4%9D%EC%84%9C%2028-1%ED%98%B8-2%20Iordanka%20Alexandrova.pdf]  

Bondaz, Antoine. 2020. “From Critical Engagement to Credible Commitments: A Renewed EU Strategy for the North Korean Proliferation Crisis.” Non-proliferation and Disarmament Papers 67. [https://www.sipri.org/sites/default/files/2020-02/eunpdc_no_67_0.pdf]  

Hautecouverture, Benjamin. 2020. “A Look Back on KEDO: the European Involvement.” Fondation pour la Recherche Stratégique 20.  [https://frstrategie.org/sites/default/files/documents/publications/notes/2020/202020.pdf] 

Pacheco Pardo, Ramón. 2019. “North Korea’s Denuclearization: Is There a Role for Europe?” 38 North. [https://www.38north.org/2019/03/rpachecopardo032619/] 

Pacheco Pardo, Ramón, Casarini, Nicola & Fiori, Antonio. 2022. “Introduction: A Multi-Faceted and Multi-Layered Relationship.” In Eds. Nicola Casarini, Antonio Fiori, Nam-Kook Kim, Jae-Seung Lee & Ramon Pacheco Pardo, The Routledge Handbook of Europe-Korea Relations (pp. 1-5). Routledge. 

The Stanley Foundation. 2006. “What Did We Learn From KEDO?”  [https://stanleycenter.org/publications/pdb/KEDO07pdb.pdf] 

Citación recomendada 

Andrés Serpi, Laura. 2026. “La UE y la experiencia de la KEDO”. K-lab, [Fecha de consulta], https://k-lab.online/la-ue-y-la-experiencia-de-la-kedo

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