Hallyu, su inicio y estado actual 

En los últimos años, se ha viralizado el fenómeno Hallyu, también llamado “ola coreana”, el cual es el resultado de una producción cultural surcoreana extensa y diversa que va desde la música hasta el cine, pasando por la literatura y la gastronomía. Sin embargo, más allá de ser un resultado de la globalización y del interés de la gente por lo desconocido, los motivos del nacimiento del fenómeno y lo que se esconde tras esta tendencia cultural son poco conocidos a nivel internacional.  

En los años 90 surgió la necesidad, por un lado, de crear nuevos contenidos para las cadenas de televisión por satélite con múltiples canales a nivel internacional y, por el otro, de recuperar la economía surcoreana frente a la carencia de recursos naturales. Un año después del gran éxito de la película Parque Jurásico en Corea del Sur en 1994, los medios de comunicación revelaron que el ingreso anual del filme equivalía a la exportación de 1,5 millones de coches de la compañía Hyundai Motors, con lo cual el público coreano comenzó a prestar atención al poder económico de la industria cinematográfica. 

Cuando Kim Dae-jung fue elegido presidente de Corea del Sur en 1998, al inicio de la crisis económica asiática, el gobierno declaró la apertura hacia la industria cultural japonesa y sentó las bases jurídicas y administrativas para reanudar tanto la importación como la exportación de los productos culturales de ambos países.  

Ese fue el comienzo de la primera fase del Hallyu, la cual partió del debut del cantante y compositor Seo Tae-ji, apodado “presidente cultural de Corea”, quien, por su talento musical y la estrategia de marketing empleada para su promoción, constituye un icono cultural que sentó las bases artísticas y estéticas de los ídolos del K-pop de hoy en día. El presidente Kim Dae-jung apoyó, además, a Seo cuando hizo campaña a favor de la abolición del Sistema de Censura Previa sobre Música Popular en 1996. Tan pronto como el presidente fue elegido, se determinó que la industria cultural era una prioridad para la política nacional, por lo que probablemente ese vínculo personal no fuese una coincidencia. Desde ese momento, se fueron fundando varias empresas de entretenimiento y se amplió la inversión en contenidos culturales. 

Mientras que la primera fase del Hallyu se limitó a la difusión de la música popular entre algunos fans de Asia Oriental, la segunda fase, ya en la década de los 2000, consistió en la expansión de series coreanas de renombre hacia países asiáticos. Desde ese momento, la producción cultural se comenzó a elaborar con una visión exportadora. No obstante, debido a la influencia negativa de algunos conflictos diplomáticos en Asia, el gobierno surcoreano se inquietó ante la posibilidad de que el Hallyu fuese una tendencia pasajera que retomaba el hilo del boom de la cultura hongkonesa de los años 80 y el de la japonesa de los 90. Por este motivo, se estableció una estrategia integrada: la propagación de contenido de varios sectores hacia más países. 

La expansión territorial supuso el comienzo de la tercera etapa del fenómeno y debe su éxito al fenómeno global de Gangnam Style vía YouTube en 2017. Para lograr la ampliación de sectores se necesitaba un Hallyu económicamente sostenible en el que colaboraran tanto la industria de la cultura popular como la de la gastronomía y el turismo.  

En la cuarta fase, en la época post-COVID, el Hallyu se ha convertido en una estrategia de marca nacional, desde el sector de la medicina hasta el del turismo suburbano. Por lo tanto, se puede decir que el fenómeno en sí ha evolucionado y crecido hasta convertirse en una estrategia de marketing visual diseñada cuidadosamente y con detalle durante más de 20 años. 

En resumen, la ola coreana ha ido creciendo, cruzando las fronteras del ámbito cultural y mostrando sus efectos en el plano social. Parece que ha pasado a ser una aliada en la lucha por la democratización de la sociedad, ya que su producción cultural invita a la reflexión. El fenómeno Hallyu permite pensar en qué se considera una sociedad verdaderamente democrática. Tanto la letra de las canciones como los dramas televisivos visibilizan problemáticas actuales del país que suelen obviarse en otros contextos. La presión social para alcanzar la perfección en los diferentes ámbitos de la vida, como serían la apariencia, la moralidad, la sexualidad, la racialización y discriminación hacia personas extranjeras o el acoso, entre otros, se ven reflejados en películas como Parásitos o series como Las hermanas, The Glory o Anna (2022). La sombra de la sociedad surcoreana detrás de las coloridas imágenes está empezando a aclararse y tanto la ciudadanía como las personas consumidoras de estos productos culturales están abriendo los ojos frente a los problemas que en ellos se reflejan. 

Referencias: 

Noh, Young-hae. 2001. «Main themes of Korean pop songs in the last 30 years.» Music and Culture, 5: 149-184. 

Shim, Doo Bo. 2002. “South Korean Media Industry in the 1990s and the Economic Crisis.” Prometheus 20, 4: 337-50. 

Imagen portada: Scout Magazine

Citación recomendada: 

Lee, Uh Jeen. 2025. “Hallyu, su inicio y estado actual”. K-Lab, [Fecha de consulta], https://k-lab.online/hallyu-su-inicio-y-estado-actual

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